«ESTA ES LA HISTORIA DE UN AMIGO DE LEÓN, QUE VIENDO LO QUE HABÍA… ¡SE MARCHÓ!»

Ese pegadizo eslogan es uno de los innumerables versos que entrañan las canciones de un leonés, cazurro como él solo, con el que comienza esta historia: la historia de EL SKOBIO. Su nombre: David. Su trayectoria (como el mismo reitera): «de culo y cuesta abajo, pero que me quiten lo bailao… ¿No?»

Oriundo de una pequeña localidad de la provincia de León, La Bañeza, comienza en su adolescencia a sentir una incorregible predilección por la música, por la guitarra y por la composición de canciones.

«Mi afición por la música ha traspasado en más de una ocasión el límite entre lo pedante y lo obsesivo. Y lo digo yo que he intentado lo indecible por apartarme de ella: Deporte… (bueno, esto no mucho, jeje), radio y comunicación (una etapa interesante), incluso me hice un cursillo de edición de imagen y sonido… ¡Pero es un esfuerzo en vano! Al final, la música siempre acaba dando con mis huesos y además con la certera perspicacia de recogerme cuando más desecho estoy… Ha sido mi amiga, mi enemiga, mi droga más fuerte y mi terapia más efectiva.»

Su infatigable compañera de viaje, su guitarra, ya le acompaña desde antes de que él mismo escribiese su primera canción:

«Llevo viendo toda la vida a mi padre aporreando la guitarra en casa cuando era un guaje. Él mismo me animaba a que fuese a aprender con un profesor. Yo hice lo que se esperaba de mí en aquel entonces: Ni puto caso. Después tuve que aprender por mi cuenta mientras ya comenzaba a trabajar, ya sabes lo que dicen: El que no tiene cabeza tiene que tener pies. Siempre le estaré eternamente agradecido a mi padre por inculcármelo.»

Al igual que otros jóvenes de su generación, David tuvo que abandonar su pueblo para buscar fortuna en otras zonas de España, y así es como aterriza en Gijón (Asturias) para trabajar como vendedor en un almacén de patatas. Su maleta, parca en pertenencias, se compone de poco más que un poco de ropa, una guitarra acústica y un cuaderno con las primeras canciones contenidas en el primer trabajo de estudio de EL SKOBIO: «RUMBO AL ROCK».

Transcurren los años, y la primera idea sólida de una banda surge en el momento en que David publica un anuncio para encontrar al resto de músicos que compongan la formación inicial de EL SKOBIO:

«Un grupo de rock en español con ganas de componer material propio, eso era lo que estaba buscando. A mí me salen canciones, pero necesitas músicos que les pongan ropajes y las dejen bonitas para ir al baile… ¿Comprendes? Asi que publiqué un anuncio en internet y a ver si sonaba la flauta… ¡Y vaya si sonó!»

 

LA PRIMERA FORMACIÓN DE «EL SKOBIO»

«Yo llegué a Gijón y lo primero que pensé era que tenía que encontrar una casa donde vivir. Y lo primero que hice fue meterme en un bar… ¡Ya pensaría luego en lo de la casa! El caso es que di con un sitio entrañable, el BROOKLYN, una cervecería donde ponen de comer y la ostia… ¡Muy buena gente! La casa la encontré después, pero yo creo que esa fue la primera vez que me sentí como en casa fuera de mi pueblo…»

Instalado ya en Gijón, David compagina su trabajo con la composición de las primeras canciones de «RUMBO AL ROCK»… ¡Empieza a tener un disco! Es en ese momento en el que publica un anuncio para hallar a los músicos que le acompañen en su camino.

«La idea era montar el grupo en León, porque yo sabía que mi estancia en Asturias sería temporal, y no es plan luego coger todas las semanas el trole para ir a ensayar o para cualquier cosa referente a la banda… ¡Lo que no esperaba era encontrar a los músicos tan rápido! Al final me tocó hacer más viajes que un gilipollas porque entre semana curraba en Asturias, pero el finde me escapaba a León a los ensayos y a trabajar con los demás en las canciones a puerta cerrada en el local.»

Aparecieron los músicos. Eduardo Ruiz Gancedo «Pajarito», Esteban Chachero Huerta «El Pibe» e Inma Vales Valle «Lokina» fueron respondiendo al anuncio uno a uno con la curiosidad de conocer los entresijos del proyecto.

«Quedamos en un bareto de esos de los de toda la vida en el barrio de Pinilla (León). La verdad, costó más ponernos de acuerdo pa’ vernos que el hecho de que aparecieran los músicos. Edu se jodió una pierna y le esperamos, Inma se acababa de mudar practicamente y Esteban… ¡Esteban es un boludo! (entre risas). Eran los músicos idóneos: Edu es un gran guitarrista que venía de un grupo de la comarca de El Bierzo. Esteban es un bajista de origen argentino afincado en León con un gran bagaje musical que venía de Granada de haber tocado con La Herencia. Y en cuanto a Inma, la señorita del grupo, una tía con mucho talento para la música y para el canto.»

La primera formación de EL SKOBIO, escasa de recursos y medios, comienza a trabajar en las canciones ante la ausencia de equipos, local de ensayo y demás enseres.

«Recuerdo que empezamos en la casa de Inma porque no teníamos un clavel, y ahí está la primera putada de las bandas emergentes: No tienes un chavo… ¡Y te sablan por todo! Luego ya nos hicimos con un localito en una de las naves de Jesús «Poca Pena»… La cerradura de la puerta se abría de al revés, empujando la manilla hacia arriba porque ni pa’ manillas teníamos. En EL SKOBIO siempre hemos sido más sufridos que la sábana de abajo, siempre lo hemos tenido claro…»

Con el esfuerzo de todos, se van costeando los primeros equipos, instrumentos, la renta de un local modesto a las afueras de León, y comienzan a gestarse las primeras canciones. La idea gusta a todos, y la ilusión cunde en el seno de la banda como una verde enredadera que trepa por los angostos vértices de una pétrea tapia. La idea les colmó de convicción para pensar en el siguiente paso: la grabación de un disco con las canciones que comenzaban a fraguarse en el local de ensayo.

«Recuerdo que una de las cosas que más nos motivaba a ir a los ensayos era pintar las paredes del local con citas cachondas que íbamos soltando todos de día en día. Las había que eran pa partirse el chorizo, jaja…»

 

Y es entonces cuando, en mitad de todo este proceso, se sucede el primer cambio en la formación del grupo que dará como resultado la actual alineación de EL SKOBIO y culminará su primer proyecto de estudio.

 

LA SEGUNDA FORMACIÓN DE «EL SKOBIO»

EL SKOBIO tenía los pasos bien definidos y meridianamente claros sobre el futuro del grupo, y David comienza a buscar más gente a quien poder pedir favores para la realización del disco «RUMBO AL ROCK». Así es como más amigos se unen a la aventura de este leonés vagabundo:

«He conocido a un huevo de peña desde que arrancamos con EL SKOBIO, algunos incluso se han hecho amigos por encima de su cometido en el grupo: JuanRax Lera San Miguel nos hizo el diseño de las carátulas y nos esperaba para cobrar según íbamos pudiendo, Nuria Antón me cedió versos de sus libros para que hiciera canciones con ellos, Manolo «Manolokos» nos prestaba su local para hacer pruebas y Adrián Mateos Mazoni me dio la idea del nombre del grupo: EL SKOBIO fue idea suya, al menos el nombre… Siempre fue muy imaginativo pa esas cosas el cabrón…»

Pese a todos los esfuerzos por hacer que el grupo avance, se ven a la mitad del primer año como formación asolados por un episodio desafortunado. Inma, quien había ocupado la batería durante los primeros meses de composición y ensayo deja la banda tristemente, y los chicos de EL SKOBIO se ven en la necesidad de encontrar nuevo batería para su formación.

«Fue un bajón la verdad, una de esas situaciones que no quieres vivir bajo ningún concepto. Inma era la niña del grupo, una pasada de mujer. A día de hoy somos muy amigos y ella ha iniciado nuevos proyectos con otros grupos como Gandalla, le va de puta madre… ¡Es una tía cojonuda, y se lo merece!»

Entre tanto, los apuros económicos del grupo también apremian: la banda, que aún no tenía conciertos por delante no recibía ingresos por su actividad, y los músicos empezaban a quedarse sin dinero para hacer frente a los gastos e inversiones. Necesitaban una solución rápido, y a ser posible, eficiente.

«Un día estábamos rucándonos la cabeza pa’ ver como hacíamos con todo… ¡No me jodas! ¡No ibamos a tirar la toalla después de todo! Así que Esteban, que tocaba a tiempo parcial con la banda de MANOLOKOS vino y nos contó que había conocido a un batera de la reostia que estaba buscando grupo…»

Fue entonces cuando Rodolfo Nicanor «Nica» aparece en la trayectoria de EL SKOBIO. Y lo hará para quedarse. Se incorpora justo a tiempo para ponerse al día con lo que habían desarrollado hasta la fecha de «RUMBO AL ROCK», y les cede su local de ensayo, local donde comparten espacio con otra gran banda de León: PERFECT STRANGERS.

«Son la polla, te lo digo yo ¡Jaja! Llegamos allí que parecíamos «Los Parias de la Tierra», con los equipos cargados de cualquier manera y llenos de mierda de haber desmontado el local del que veníamos, y nos acogieron como si nos conocieramos de toda la vida. Sino llega a ser por ese favor, no sé cuanto tiempo me hubieran durado los pocos cuartos que me quedaban. Nica entró en la banda, y le ha dado un plus de enfoque y de ilusión a la que ya teníamos nosotros. Fue un acierto dar con él.»

La formación definitiva de EL SKOBIO retoma en poco tiempo el trabajo de composición, el nuevo batería se pone al día muy pronto, y todo comienza a funcionar con la precisión de un reloj suizo. Las canciones se culminan con éxito entre el círculo más íntimo de la banda, y sus músicos ya relajados después de sortear un obstáculo tras otro también comienzan a estrechar lazos:

«Nos las pegamos de colorines, lo pasamos bien. ¡No va a ser todo currar en esta vida, copón! Salimos, las liamos, lo que cualquier banda… ¿No? (risas) Nos lo tomamos muy en serio, nos lo podemos permitir de vez en cuando…»

Con el grupo recien reconstruido y los arreglos de las canciones que David había compuesto tiempo atrás, EL SKOBIO se preparaba para entrar en el estudio de grabación de su primer álbum.

 

«RUMBO AL ROCK», PRIMER TRABAJO DE ESTUDIO

Los estudios de Music Center, situados en la capital leonesa, son los escogidos por los muchachos de EL SKOBIO para grabar allí su primer álbum de estudio.

«¡Ni maqueta ni pollas! Grabábamos algunos ensayos con el móvil pa’ ver dónde la cagábamos y dónde no… y aunque no tenían mucha calidad ya se le veía las intenciones a la música que hacemos. Así que pensamos remotar la idea primigenia de grabar el disco directamente… ¡Y ahí nos tienes! Al final la historia de EL SKOBIO es como la historia de mi vida: de cero a cien en un segundo y por mis cojones treinta y tres, tenemos más moral que los del Alcollano…»

Allí forman equipo con Ángel y Manolo, dueños y productores de Music Center con quienes comienzan a trabajar. Las grabaciones, rodeadas de un aura de tortuosos episodios debido a las idas y venidas de David desde Asturias no se ven truncadas gracias a que la banda tiene los temas muy desarrollados y el equipo de Music Center conecta con ellos rápidamente.

«Es una pasada currar con gente profesional… ¡Lo pagas porque lo pagas! Y porque la calidad tiene un precio, pero si volvieramos a tener que tomar la decisión, yo lo tengo claro. Al final lo que importa es que las canciones gusten al personal, ya veremos de dónde sacamos la pasta pa todo el festín…»

El disco, a día de hoy, atraviesa su última fase de grabación: La edición y mezcla final del producto. Muy pronto tendremos noticias de este gran grupo que tiene mucho ruido que hacer y muchas cosas que decir… O cantar.

«Al final qué más da si te dedicas a grabar discos o a hacer rabitos de boina, si te esfuerzas lo consigues, y sino… ¡Pues no! Está claro que esta sociedad tiene mucho que avanzar en materia de música, porque lo que no puede ser es que se preste todo el apoyo a unos, y a los otros que les den por culo… Pero mira, cuando a uno de León se le mete entre ceja y ceja hacer algo, es jodido que cambie de idea… Así que una de dos: O logramos tirar pa’alante, o quedaremos de fiesta con los marcianos en el intento. ¡Ya nos oleremos por ahí! Si me véis… ¡Saludadme!»